PAULISTA

 

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Seguramente haya sido una de las más gratas sorpresas que un lugar me haya proporcionado, seguramente también sea una de las ciudades más grandes e increíbles del mundo, y seguramente también las ciudades lo son por las personas que te las enseñan, pero estoy completamente seguro de que Sao Paulo será a partir de ahora un lugar importante en mi vida, una de esas ciudades que ya forman parte de mí, y de las que yo también pretendo formar parte algún día.

La ciudad más grande de América es una ciudad absolutamente viva, llena de cosas que decir, y diciéndolo de una forma distinta. Hacía mucho tiempo que no sentía un lugar así, comunicándose conmigo en cada esquina o en cada garito de una forma distinta y nueva desde el primer momento que la pisé.

Londres, París, Madrid o New York, ya no me aportan nada en ese sentido, son viejas señoronas que sólo buscan adornarse y enjoyarse más, lejos de la joven que fueron en su día. En ellas ya sólo encuentro la comodidad, la seguridad, y las visitas guiadas por lugares que en otros tiempos fueron referentes de desobediencia y creatividad. Ciudades que ya sólo se trasforman y se renuevan pintándoles la fachada continuamente, con alguna obra faraónica de algún arquitecto superstar, y con retrospectivas o exposiciones absurdas de tipos que se creen unos genios haciendo lo mismo que se hacía hace 50 años, y haciendo una y otra vez.

En Sao Paulo respiré lo que hace mucho tiempo que no respiraba en ninguna otra de las grandes, frescura, mucha inquietud y fuerza, y vi como hay nuevas grandes ciudades que sustituyen a las viejas grandes ciudades, y que yo me encuentro mucho más cómodo en estas nuevas. Hace unos meses me monte en mi vespa y salí pitando de un Londres del quién alguien dijo recientemente que ese había convertido en una ciudad de ricos y sirvientes, y dónde hasta lo más transgresor debe pasar por un tamiz social que lo convierte en “políticamente incorrecto”, dejando de serlo en el mismo momento que recibe ese calificativo, y donde todo debe de costar mucho dinero, porque sólo eso es lo que lo hace tremendamente atractivo.

Algo tendremos que hacer en la vieja Europa si queremos seguir estando donde nos gusta estar. Nos han acomodado con nuestra hipotecas, y los colegios  y actividades extraescolares de nuestros hijos, y ya no ponemos nada en juego. Si no hagan memoria, ¿desde cuando no vemos cosas nuevas en la vieja Europa?, ¿desde cuándo no pasa nada nuevo o interesante?, todo es igual desde hace demasiado tiempo. Sólo crisis financieras y atentados terroristas, y en ambos casos siempre pagando inocentes. Hace mucho tiempo que sólo se nos genera miedo, seguramente para que no hagamos cosas nuevas y las cosas puedan cambiar. En manos de politicuchos de mierda, los viejos y los nuevos, que lo único que hacen es hablar de todo menos de educación, cosa que terminaremos pagando.

Y esa es ahora la vieja Europa, un grupo de amigos que piensa cada uno en si mismo, y que tienen que caminar de la mano aunque en el fondo no se soportan.

Tremendamente gris y aburrida.

Y si además de todo lo anterior, tienes la suerte de que la vida te regale una bonita noche con cena en Vila Madalena, Sau Paulo, Brasil, con un buen vino Chileno acompañando a una buena carne Argentina, y la maravillosa compañía de una dulce Colombiana, les garantizo que cualquier tipo de nostalgia de regresar a Europa se difumina al instante.

Este nuevo Paulista les desea Buenas noches.


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