MAD DRAPER

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“Había partes de la novena sinfonía de Beethoven que aun hacían llorar a Cole, el siempre lo había achacado a las circunstancias de la propia composición, se imaginaba a Beethoven sordo, con el alma enferma, y con el corazón roto, garabateando con furia mientras la muerte esperaba en la puerta afilándose las uñas. Sin embargo, pensaba Cole, podía ser la vida en el campo lo que le hacía llorar, le estaba matando con su silencio y su soledad, y convertía las cosas más ordinarias en algo de una belleza insoportable.”

Así termina uno de los capítulos de Mad Men, este es uno de los finales que más me gustan, pero todos son absolutamente perfectos, intrépidos y valientes, usando únicamente las emociones que todos hemos podido sentir en algún momento de nuestra vida cotidiana, aunque sean sólo unos pocos los elegidos para poder contarlas de esa manera, convirtiendo las cosas más ordinarias en algo de una belleza insoportable.

Ese es el único y el gran secreto, simplemente saber contarlo. Ellos han sabido hacerlo.

He tomado todo tipo de drogas y todas me han encantado, y todas volvería a tomarlas si se dan las circunstancias adecuadas, pero con esta viviría el resto de mis días.

Llevo unos días viviendo la vida de otros, de uno en concreto, de Don Draper, el protagonista de esta incalculable sucesión de capítulos y emociones llamada Mad Men, y tengo la absoluta certeza de estar ante algo que me desarma cada noche, y cada noche me justifica, repleto de mentiras, como cualquier gran verdad.

En ella vemos como todos los personajes luchan constantemente por llenar sus vidas, y como cuando lo consiguen vuelven a vaciarlas y a intentar volver a llenarlas en un bucle infinito que sólo acaba en una tremenda insatisfacción, en la que lo único verdaderamente importante es vivir cada momento de una forma tremendamente egoísta, y eso es una inmutable realidad, aunque nos cueste reconocerlo.

Y que el cielo no existiría si no existiese el infierno, que el amor dura lo que dura, y que una vida sin vida no es vida.

Unos 90 capítulos disfrutando de los infiernos de Don Draper, que son ya parte de mi vida, del cinismo del gran Roger Stirling, la seguridad insegura de Peggy Olson y Joan Holloway, la absoluta belleza de Megan Calvet, y de todos y cada uno de los personajes que van creciendo contigo a lo largo de los 90 capítulos.

Y siempre fumando, y siempre con un whisky, y siempre con sexo, y siempre trabajando, y siempre mezclándolo todo, como siempre me ha gustado vivir.

Detrás de todo la publicidad, ese baile perfecto entre dos mundos tan distintos, el del arte y el de los negocios, esa magia que hace que cuando funciona ese baile nos lo creamos todo, absolutamente todo. La proyección de una determinada imagen es el factor más importante en cualquiera de las áreas de desarrollo que podamos imaginar, y esta serie es una clase magistral sobre como se fabrican los deseos de todo lo que después nos apetece consumir.

Inviertan en su marca, todos somos una marca.

En fin, no pierdan ni un minuto más en nada con lo que crean que están perdiendo el tiempo, porque él, el tiempo, no tendrá la mas mínima consideración con ninguno de nosotros.

Buenas noches.

 

 

 


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