LOS INTERESANTES Y SAMPEDRO

 

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“Supongamos que la mente es, como decimos, un papel en blanco, vacío de cualquier carácter, sin ninguna idea. ¿Cómo se rellena?, ¿de dónde le llega toda esa enorme provisión que la fantasía desbordada y sin límite que el hombre ha pintado sobre ella con una variedad casi infinita?, ¿de dónde proceden todos los materiales de la razón y del conocimiento?. Para responder con una sola palabra, de la experiencia. Ningún conocimiento humano puede ir más allá de la experiencia.” John Locke.

Esta es una de esas afirmaciones que me ha costado asimilar con el tiempo, siempre entendí que había respuesta a muchas preguntas que estaban por encima de mi propia experiencias sobre ellas, situaciones que no tendría que experimentar para actuar de una u otra forma, como esas verdades inexorables y esos principios inalterables que hacen creerse fuertes a los débiles, y débiles a los realmente fuertes.

Nunca crean que sabrán lo que hacer ante una situación que desconocen, ese es el colmo de la necedad, y ser un necio es aun peor que ser un tonto, porque el tonto no lo sabe, el necio sí.

Un ejemplo: no hay nada mas cansado que buscarle futuro a una relación que no lo tiene, suele ser un proceso tremendamente agotador, que suele afectar hasta el mas último de tus recursos, aniquilando cualquier principio o idea previa que uno tenga de cualquier tema que se te pueda ocurrir.

Pero a mí me encantan las relaciones sin futuro. La mejores relaciones de mi vida fueron aquellas en las que sabia, nítida e inexplicablemente, que aquello no tenía el más mínimo futuro, y aquellas otras, en las que alguna vez albergué ciertas briznas de esperanza, terminaron siendo un planeta desierto en el que jamás habitó nadie.

El futuro esta tremendamente sobrevalorado, nada debería de tener futuro, aprenderíamos a vivir mejor el presente.

“Los Interesantes”, el ultimo libro de la newyorkina Meg Politzer, habla de todo esto y de mucho más. Habla de la experiencia, ese imbécil que al final termina teniendo siempre la razón. Y del talento, ese bien tan preciado y caprichoso. Y del amor, de ese amor que no necesita explicarse. Y de la amistad, ese sólido barco que no para de hacer aguas por todas partes, y continuamente.

Os dejo un pequeño fragmento para hacer boca:

“Lo que ocurrió en la habitación de la residencia de Jules en Buffalo se convertiría en un asunto que ninguno de los dos comentaría durante años. Jules saco por fin el tema un día que estaban solos, refiriéndose al episodio como el “el pezón de Buffalo” un nombre que cuajo. “El pezón de Buffalo” se convertiría en una expresión secreta que aludía no solo a aquel episodio específico, sino a cualquier equivocación que pudiese cometer alguien en la vida como resultado de la añoranza, la debilidad, el miedo, o cualquier otro sentimiento propio de los seres humanos.”

Realmente no sé explicar el porque, pero me emocionó tremendamente este libro, la vida de un grupo de amigos desde la adolescencia hasta el final de esta y de todas las demás épocas de sus vidas, con una buena e inteligente prosa, y ese lenguaje tan característico de los escritores newyorkinos, que siempre me hace pensar sin pensar en nada en concreto.

Fue en ese momento, ese en el que sabes que tendrás que empezar dos o diez libros hasta volver a sentirte igual de bien que al terminar ese otro con el que tanto has disfrutado, cuando cayó en mis manos una pequeña e inmensa biografía de unos de los personajes más interesantes que la historia nos ha regalado.

“Escribir es vivir”, es la transcripción de una serie de Charlas autobiográficas de Jose Luis Sampedro en la universidad de Santander, hace ya algunos años, donde en algo más de trescientas páginas uno es capaz de comprender tantas cosas que hoy nos están pasando, que nunca, en el resto de tu vida, dejarás de estarle agradecido a este Señor por ello, si eres una persona agradecida, y en esta vida ser agradecido es de las dos o tres cosas que uno debe ser.

El libro comienza con su definición de la motivación que lo mueve a escribir, y que resume así, “la de descubrirme a mi mismo para descubrir a los otros y para encontrarnos todos, para vivir más”, el resto, hasta el final es simplemente un regalo. No dejen de disfrutarlo.

Y todo desde la experiencia.

Yo mientras tanto sigo intentando entender a este inmenso país que es Brasil, hasta que me canse de hacerlo, y tenga que ser este maravilloso país el que aprenda a entenderme a mí.

Buenas noches.

 

 

 


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