LA TORMENTA PERFECTA

 

 

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“El solo hecho de correr una hora todos los días, asegurándome con ello un tiempo de silencio sólo para mí, se convirtió en un hábito decisivo para mi salud mental…. corro para lograr el vacío.” Afirma el gran Murakami, yo suscribo al pie de la letra.

Quien sea mínimamente aficionado sabe que afirmar haber recorrido corriendo, más menos, unos 30 o 40 mil kms a lo largo de toda tu vida no es ninguna barbaridad, es más, es una estimación bastante conservadora. Rodar 40 o 50 km semanales no es nada del otro mundo si te gusta esto y eres aficionado, y si multiplicas por unos veinte años, la cuenta es fácil.

Pues el pasado miércoles hice una de las mejores carreras de toda mi vida, no sé si la mejor, son muchas ya, pero una de las cuatro o cinco inolvidables seguro. Fue en Lisboa, en la que casi siempre casi todo es un placer.

La ciudad de Pessoa, una de las más bonitas del mundo, donde se mezclan sin igual la decadencia y la modernidad en una conjunción bastante interesante, y entiendo muy cómoda para muchas cosas, vivir por ejemplo, o simplemente estar. Una bella ciudad que fue cuna de espías y donde siempre ocurrieron muchas cosas que pasaron inadvertidas, pero que aun se respira en sus calles.

Con su gastronomía te pasa como en Italia, es mucho más complicado comer mal que hacerlo bien, en cualquier parte del país es así, y con esa maravillosa costumbre de no abandonar tradiciones como la de servir el pan con la mantequilla y el paté de sardinas como aperitivo, experimento como el paso a la modernidad respetando algunas buenas costumbres se puede hacer sin ningún problema. Y me gusta el trato, y como se mezcla el ayer y el mañana, pared con pared.

Y me gusta el Fado, su forma de expresarse,  lo dice todo de ellos, todo lo que a mí me interesa al menos. El portugués cantado es de las lenguas más bonitas y musicales de escuchar que existen, si no la más.

Quien me conoce sabe que jamás hago una maleta sin unas zapatillas, y que allá donde llego, lo primero o segundo que hago es salir a trotar, es una forma de conocer las ciudades muy interesante, de repente te conviertes en uno de ellos, corriendo nadie te distingue como un visitante, es la mimetización perfecta con el entorno, y se puede distinguir fácilmente el grado de progreso de una sociedad por sus corredores, no me pregunten cómo, pero se ve.

Y en esas estaba, después de un viaje de trabajo de no parar, de conocer gente nueva y buena, y de posponer la carrera por no encontrar el hueco, cuando me puse las zapatillas y salí del hotel pitando y sin mirar el móvil, para que nadie ni nada me pudiese detener.

Instintivamente me fui dirección al rio, que allí parece el mar, para mí lo fue aquella tarde, y encontré una de las mejores rutas que nunca haya corrido, unos 7’5 de ida y otros tantos de vuelta a orillas de ese inmenso Tajo, perfectamente habilitados para los amantes de este deporte que cada vez somos más en todos sitios.

Y entonces empezó a llover, una tormenta de cielo claro, de esas que sabes que no duraran mucho, pero fuertes, de gota gorda y espesa, con grandes nubes negras pero con el sol luchando por buscar su sitio entre ellas, en esa tremenda orilla de esa tremenda ciudad, atardeciendo, y con todos los ingredientes para disfrutar haciendo lo que más te gusta.

Y eso hice, me olvide de todo, lo bueno y lo malo, y lo único que hice fue correr bajo la inmensa lluvia sintiendo una libertad que hacia tiempo que no experimentaba. Gozo absoluto.

Y entonces viví la tormenta perfecta.

Os dejo con Fado, como no, con Filipe Acacio.

Lo conocimos una noche en uno de esos cafés del Barrio Alto, hace ya un puñado de años, él cantaba para unos cuantos que fuimos a escucharlo, y yo iba con una mujer a la que quise mucho, y que ya no está, a la que echo mucho de menos, y a quien hoy le dedico este “Fado del Silencio” que escuche con ella por primera vez, con un amor entrañable y eterno hacia ella y hacia esa bella ciudad que tantas veces me hizo feliz.

 

Buenas noches.


One Response to LA TORMENTA PERFECTA

  1. Federico Ferrer says:

    Bravo, Charlie.
    Abrazo grande.
    F

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