LA MEJOR

 

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Dijo el Gran Gabo que ” la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrevivir al pasado”, lo que no dijo Don Gabriel es lo tremendamente cansado que puede resultar hacerlo en tan repetidas ocasiones.

Pero también hay otras historias, mejores historias.

Sólo “la mejor”, no la mejor de la ciudad, o la mejor del mundo, calificarla simplemente como “la mejor” es estar plenamente convencido de que lo que sea que así se califique debe serlo, y ellos la llaman así. Para mí también lo es.

En la Bodega San José, en la Calle Adriano de Sevilla, dicen tener “la mejor” tortilla de patatas jamás elaborada, sólo hacen una al día, si llegas después de las 13:30 o 13:45, es muy complicado que quede alguna porción de semejante y maravillosa mezcla de huevos y patatas. No es marketing ni estrategia comercial, es que sólo se hace una y cuando se acaba se acabó.

Pero este lugar tiene algo aun mejor.

Lo mejor de este lugar es el placer que experimentas cuando observas como la joven pareja de 85 años que regenta este sitio desde hace más de 60 termina la jornada y se marchan a casa, todos los días,  siempre caminando, y siempre cogidos de la mano. Créanme que es una imagen que supera con creces cualquier idealización que nos hagamos sobre el amor. Todo lo demás es mentira, todo menos esa imagen.

Ellos son sin duda lo mejor de este lugar.

Nicolás vino de Santander con 12 años para trabajar en la bodega que regentaba su padre, y que era propiedad de un tío suyo, y desde aquel día de 1942, sigue al pie del cañón todos los días hasta el día de hoy. Si conocen a gente joven que se queje de que no tienen oportunidades y de lo difícil que esta todo, invítenlos a tomar una cerveza con Nicolás y que él le cuente lo que son las oportunidades y las facilidades.

Conoció a Rosario en una de sus visitas a Santander, se enamoraron y tras cuatro años de espera -sin poder verse- consiguieron casarse un 12 de diciembre de 1956. Hoy, sesenta años después, dudo que cualquiera de ellos pueda concebir un mundo en el que no estuviese el otro, ese sería otro mundo distinto, no este.

El siempre dispuesto a contar cualquier historia, tiene miles que contar. Ella siempre pendiente del trabajo, siempre moviéndose, creo que nunca la he visto parada. Pero haga lo que hagan cualquiera de los dos, aun estando tremendamente distraídos u ocupados, en algún momento, a cada instante, siempre se buscan con la mirada, y siempre se encuentran.

Yo los conozco desde hace algunos años, éramos vecinos de negocio, pared con pared, y siempre recuerdo cuando a la hora a la que se marchaban cogidos de la mano, cualquiera que presenciaba aquella imagen ponía cara de no entender lo que estaba pasando en su vida, y de preguntarse porque ellos nunca vivirían algo así. Una cara de cierta tristeza, donde se reflejaban admiración y celos a partes iguales, o no, seguramente más celos que admiración, en este país la envidia siempre es lo primero.

Con 43 años Nicolás empezó a correr maratones, es su otra gran pasión, y corrió varios, Londres entre otros, del que siempre cuenta como fue la mismísima Lady Di la que dio la salida aquel año. Siguió corriendo hasta hace muy poco tiempo, por motivos que no hace falta explicar, pero sigue caminando todo lo que puede, siempre con sus deportivas, y siempre acompañado de Rosario.

De todas las historias que me contó me quedo con una que lo resume todo. Cuando la cuenta siempre lo ilumina una tremenda y envidiable sonrisa. Cuenta como justo cuando iban a casarse, después de llevar cuatro años sin verse, a él le diagnosticaron una rara enfermedad pulmonar que lo postró varios meses en la cama de un hospital. Cuenta que fueron 105 días en cama, y que durante ese periodo recibió de ella 105 cartas de amor.

Yo, como dijo Sartre, “como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”.

Zaz y Aznavour,

Buenas noches.

 


One Response to LA MEJOR

  1. Javier Ferrer says:

    Estoy convencido querido Charly ,que el secreto de tan majestuosa tortilla , la cual me invitaste un día a probar, aunque pagara yo…… Eso es lo de menos, es el amor incondicional que se profesan esos dos chavales.
    Espero que cuando yo vaya con otros ochentaytantos por cualquier Sevillana calle de la mano de mi amada también estés tu para verlo y emocionarte de nuevo. Un beso amigo

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