EL POSITIVISMO PINKERIANO

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“Nunca vamos a tener un mundo perfecto, pero no es romántico ni ingenuo trabajar para uno mejor” Steve Pinker.

Es indiscutible saber a cierta edad que existen varias formas de enfrentarse a la realidad.

La primera y la más extendida sin duda es obviarla y crearnos nuestra propia realidad, la mayoría de las veces la forma más cómoda de pasar por aquí.

La segunda corriente, con un numero casi similar de adeptos, es la de tratar de verlo todo de forma pesimista, llamémosla “negatividad consustancial a todo lo que pasa o puede llegar a pasar“. Es curioso como esta corriente se refleja constantemente en el pasado, en el cual todo era mejor, como bálsamo para vivir el nefasto presente y el aterrador futuro.

La tercera es la de Steve Pinker.

La denominada primera corriente nos propone una vida con muy pocos riesgos, dónde es mejor no saber lo que pasa, que tener que hacer algo para que esas cosas no sucedan. Incluso sabiendo que esas cosas ocurren, también podemos darles nuestra propia lectura, adaptándolas a nuestra vida como algo cotidiano y a la vez ajeno, utilizando esa distancia mental para alimentar nuestra comodidad.

A la denominada segunda corriente Pinker la define así “A medida que las personas envejecen, confunden los cambios en si mismos con los cambios en el mundo, y los cambios en el mundo con la baja moral, la ilusión de los viejos tiempos“.

La tercera, la Pinkeriana, se basa en la idea de que todo lo que nos rodea hoy en día es mejor que el pasado, y que cualquier tiempo pasado fue peor, y se retroalimenta de ese pensamiento para seguir trabajando en que las cosas mejoren.

En “La defensa de la ilustración“, él, Pinker, analiza esta realidad positiva en un interesante y entretenido estudio. Lo hace además basándose en datos objetivos y contrastados y, aunque es cierto que hasta la objetividad puede ser manipulada, esto sin duda deja mucho menos margen para que esta objetividad se manipule.

En este libro, y por capítulos, analiza desde la salud, la democracia, la violencia, la felicidad, la riqueza, y así hasta 17 definiciones, terminando con los tres grandes pilares  para él, y para quien esto escribe, de la humanidad, que son la razón, la ciencia, y el humanismo.

Pinker atesora mucho detractores como pensador, casi todos pertenecen a la que hemos denominado “segunda tendencia“, mala suerte.

El resultado, créanme, es una grata experiencia de esperanza real, que te da la oportunidad de seguir acreditando en el ser humano, en el que personalmente siempre creí y sigo creyendo, hasta que es manipulado y encerrado en la cueva de los miedos y la falsa comodidad.

Una amable lectura, en estos tiempos donde la amabilidad está poco valorada.

¿Él de la música? Elliot Goldenthal, de mis compositores contemporáneos preferido, esta pequeña pieza la compuso para Frida.

Buenas tardes y diviértanse, cualquiera sabe dónde estaremos mañana.

 

 

 


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