DONDRAPERIANOS

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“Solo una vez, y solo porque era muy joven, pude fundir mi identidad con la de otra persona, y es en esas singularidades donde uno encuentra la eternidad”.

La frase es de Tom Aberant, unos de los protagonistas de “Pureza”, la última novela de Franzen, un escritor a quien le gusta profundizar y desnudar a sus personajes hasta que ya no tienen nada que esconder. Él, Tom, es un tipo que consigue ser feliz a la segunda oportunidad, tras un estrepitoso fracaso en la primera, termina encontrando la tranquilidad y el amor, otro tipo de amor, ese tipo de amor que encuentras cuando las necesidades ya no son tan urgentes y se aprende a disfrutar de ellas sin aniquilarlas.

Alguna vez yo también sufrí las urgencias de las necesidades, en mi caso, por suerte, no me arrastraron a ningún desolado páramo, ser un reputado egoísta me sirvió para no cometer errores irreparables, como cometían todos por aquel entonces, y de los que seguro habrían quedado víctimas y rencores, que conociéndome un poco, habrían sido eternos.

Alguna vez yo también quise ser muchas cosas que nunca llegué a ser, y fui otras que nunca hubiese imaginado ser, ni mejores ni peores, sólo distintas, en todas fui un poco yo y un montón de mentiras, en las que aprendí a moverme como pez en el agua.

Alguna vez yo también creí estar en posesión de la verdad, creí que existían los principios y las verdades absolutas, creí que solo bastaba con eso, con ser fiel a esos principios, pero resultó que sólo eran eso, el principio, el comienzo de un largo viaje en el que esos principios no dejarían nunca de cambiar, y de enseñarme, cuando ya no servía de nada lo aprendido.

Alguna vez yo también creí estar enamorado, y viví la mayor de las ilusiones,  esas ilusiones que son capaces de transformarlo todo y que terminan siendo sólo un truco de magia. Lo que todos quisimos ser y nuca fuimos, un mar azul quieto y en continua calma. Hasta que llega la tempestad y la tormenta, de la que hay que intentar no sólo salir con vida, sino incluso sentirte bien en ellas, y créanme, se puede llegar a estar muy bien en el mar, en el centro de una tormenta, cuando ya no le tienes miedo al agua.

Alguna vez yo también pensé en lo importante que eran las cosas importantes, y luego supe que lo único importante es saber que nada lo es, únicamente uno mismo en cada instante en que es capaz de respirar, porque llegará un momento en el que ya no lo hagamos, y eso es lo único importante. Vivir, aun encerrado en la más fría, oscura y húmeda de las cuevas donde nos puedan recluir, y de donde siempre es posible salir.

Y en esas estaba, con la de cosas útiles que se pueden hacer, cuando decidí pasar unos días en la vieja y gruñona Europa, a la que he encontrado bastante más enfadada, y muchísimo menos Europa que nunca, algún día recuperaremos el sentido común, e incluso el sentido del humor, y con un poco de suerte quizás volvamos a ser solidarios con los demás.

Yo me voy en breve, ahora no soy de aquí, pero espero volver a serlo, o no, ya casi nunca tomo yo las decisiones importantes.

Por si acaso ahora abrazo una nueva religión, Los DonDraperianos, nos amamos a nosotros mismos por encima de todas las cosas, convirtiéndonos así en lo más importante que hay a nuestro alrededor, siendo plenamente conscientes de que somos unos completos inadaptados, porque nos aburren aquellas situaciones a las que hay que adaptarse normalmente.

El que encabeza es mi venerado Don Draper, cabeza visible del grupo, acompañado por  ELLA, uno de mis objetivos a corto plazo.

My Way, Sinatra, quien mejor.

Buenas noches.

 


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