DIOS Y LA FELICIDAD

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“Antes de que los portugueses descubrieran Brasil, Brasil ya había descubierto la felicidad”. Esto lo dijo Oswald de Andrade, el gran poeta y dramaturgo brasileño, y cualquiera que pase un poco de tiempo aquí llega a comprender esta afirmación, aunque nunca sabrá explicar el porqué.

De la felicidad se han dicho muchas cosas, para mí la más curiosa de todas es esa tan generalizada y común que afirma que simplemente la felicidad no existe. Es una buena manera de quitarse el marrón de tener que andar buscándola, y de renunciar a esta vida que llevamos, que en absoluto nos hace felices, pero en la que estamos comúnmente asentados la mayoría de nosotros. Todos lo sabemos pero pocos lo reconocemos, y muchos menos aun hacemos nada por cambiarlo.

Y en este momento del relato es donde aparece este inmenso país, del que los gringos (aquí somos gringos) solo conocemos dos o tres estereotipos, absolutamente ciertos, y en los que, si profundizásemos un poco, podríamos encontrar un montón de respuestas que en apariencia nos resultan bastante complejas.

Que mis entrañables amigos de este país me perdonen tan tremenda osadía, y que siempre la tomen con una gran dosis de sentido del humor, más aún sabiendo como saben que yo ya soy de aquí, y que amo este país y los amo a ellos, porque aquí es donde vivo ahora, y yo siempre soy del lugar en el que vivo.

Todo empieza por una gran afirmación, “Dios es Brasileiro”. Parece una tontería, pero créanme que no lo es, y cualquier brasileño te dirá esta frase en algún momento, porque así lo creen. Yo mismo si creyese en Dios, pensaría también que es de aquí.

Con semejante creencia, y con un poco de fe, no hay porque andar todo el día cuestionándoselo todo, porque a poco que cualquier duda empiece a resultar mínimamente incomoda, tenemos a Dios para solucionarlo. Y sin flagelaciones ni continuas demostraciones de devoción impía, sino con mucha normalidad y naturalidad. Y con música , siempre con música, todo con música.

Bueno, puede valer. Ellos son felices, y yo también.

Y una vez conquistado el cielo, solo queda conquistar la tierra, y para eso utilizan su absoluto e irreductible amor hacia su país, un amor sin limites, un amor que esta por encima de si mismos, un concepto de nación único, sin grandes triunfalismos, solo amor. Dios es brasileño porque Brasil es el país más bello y maravilloso del planeta. Y punto. Y sin tienen alguna duda, hablen con dios, él les ratificara todo lo anterior.

A mi me parece simplemente cojonudo.

Créanme cuando les digo que aquí vivimos aislados del resto del mundo. Aquí tenemos de todo, es un país tremendamente rico e inmensamente grande, una gran potencia en muchos aspectos, con un único problema, están gestionados por gentuza, políticos, pero eso es una mal inherente al ser humano, y como tal, aquí también lo sufrimos.

Créanme cuando les digo que aquí conozco diariamente a gente feliz, y que eso no es fácil de encontrar.

Posiblemente el problema de la felicidad no sea el no encontrarla, seguramente sea cuestión de que para buscar algo, debamos de saber primero que es exactamente lo que estamos buscando, y luego intentar encontrarlo.

Aquí la felicidad radica en dos o tres cosas, tremendamente simples, y a mí me encantan esas dos o tres cosas.

Otro día les contaré cuales son, estoy trabajando en ello. Y sin prisas, como todo aquí.

Y no olviden nunca lo que dijo Tom Jobin “Brasil no es para principiantes”.

Sé poco de mi vida, cada vez menos, y no sé el tiempo que andaré por aquí, pero si sé ya que siempre seré de aquí, de una forma u otra.

Buenas noches, y sean felices.


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