CAMBRILS

 

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Después de una magnifica mañana de pesca, que empezó a eso de las siete de la mañana y bebiendo buen tinto a morro acompañado de fuet, de un buen pan, y de tres formidables pescadores y amigos, y que terminó con unos 18 lustrosos bonitos como trofeo, empezamos a cocinar el mejor arroz que jamás he comido, y he comido muchos, un arroz a banda con bonitos cuyo recuerdo aun hoy me sigue haciendo llorar, y que he intentado repetir sin ningún éxito en varias ocasiones.

Fue en Cambrils, Tarragona, el sitio del que tantas batallitas de pesca había escuchado contar a mi buen amigo J Luis, cada año al regresar de allí, y a dónde me llevó Pablo a recordarlo cuando J Luís ya no estaba por aquí, aunque aquel día de pesca no lo eché de menos porque era como si estuviese allí, todo aquello lo había vivido muchas veces contado por él con lo que parecía que yo llevase toda la vida haciendolo.

El barco y la posterior cocina de Don Pedro Baringo, tipo de metro noventa compuesto de bondad, inteligencia, y sentido del humor a partes iguales, y persona entrañable para quien esto escribe, con el que cualquier simple charla es un enorme placer, y cualquier cosa que cocine una experiencia religiosa.

Del día de pesca sólo comentar que fue la primera vez y la última que he pescado, y que sólo  volveré a hacerlo con él y en su barco. Siempre le agradeceré lo que me enseñó aquel día y como disfruté haciendolo, porque hasta ese día lo de molestar a los peces me parecía un auténtico coñazo.

Lo primero que me dijo Pedro al llegar a su casa para cocinar fue que lo menos que podía hacer, debido a mi total inexperiencia y la continua ayuda que recibí para cualquier cosa que hice en el barco, era limpiar los 18 bonitos, el hijo de puta, eso de entrada. Yo jamás había limpiado un bonito, hoy no dejaría que nadie lo hiciese en mi presencia sin mi más absoluta supervisión y entrega.

Lo que vi luego fue una forma distinta de tratar el arroz, hasta convertirlo en un grano compacto y suelto, con una cocción perfecta y que se ponía al servicio del bonito para realzarlo, para hacerlo el componente más importante del plato, aunque era el arroz lo más importante y complicado, y eso lo sabe Don Pedro.

Terminamos de comernos aquel arroz entre lágrimas y plegarias, y nos enfrascamos en una buena sobremesa dónde él, profesor de universidad, se quejaba de la irrupción de las nuevas tecnologías en la educación y en sus alumnos, de como lo estaba cambiando todo, y de a donde nos llevaría aquello, y yo intentaba convencerlo de que siempre todo está en continuo cambio, y que este último sólo nos pillaba ya un poco mayores.

Con el tuve esa extraña sensación, que sólo tengo con los buenos cocineros, de que podríamos haber seguido hablando y bebiéndonos aquella sobremesa durante horas. Y es que los buenos cocineros casi siempre son unos buenos conversadores, porque una buena comida siempre acaba en una gran conversación.

Y en prueba de que no todo lo que cuento  siempre me lo invento, os transcribo whatsapp de fecha 27/8/15 en el que Don Pedro dice textualmente “Hoy nos hemos juntado unos amigos después de pescar y en casa hemos cocinado los bonitos y un arroz, y como no!! me he acordado de ti”, y siempre es un placer que se acuerden de ti en una buena mesa con un buen arroz.

El grado de importancia que un amigo tiene en tu vida se podría medir perfectamente por los amigos que te deja cuando él ya no está y que desde ese momento pasan a formar parte de tu vida. Nuestro amigo lo hizo con nosotros, y siempre le estaré agradecido.

“The Poet Acts” by Philips Glass

 

Buenas noches.

 

 


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