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Sin lugar a dudas las mejores cosas que hay en la vida son gratis, por mucho que a veces pueda parecer lo contrario, no se dejen engañar, o si lo hacen, que sea sabiendo que están siendo engañados, a veces no esta mal sentirse engañados, siempre fue la mejor de las escuelas.

Una de ellas, de las mejores cosas que hay en la vida, se llama sin duda Ben Webster, lo llamaban “El Sapo”, por sus tremendos ojos saltones, y es sin duda el mejor saxo que ha dado la historia de la música, siempre bajo mi no humilde opinión, y cuando lo escucho siempre me ocurre lo mismo, me entran unas tremendas ganas de contarlo todo, de contar todo aquello que nunca me atreví a contar, y luego darme media vuelta y volver a marcharme de nuevo, sin mirar atrás, con el susurro íntimo y aterciopelado de Webster metido en mis oídos, y la dosis de vino suficiente para verlo todo claro.

Escuchando a Ben, una buena tarde de lluvia, me doy cuenta de que el verdadero loco no es quien comete locuras, sino aquel que enloquece porque no puede cometerlas, y se pasa la vida engañándose a sí mismo y a todos los demás, y tachando de locos a aquellos que hacen lo que ellos jamás se atreverían a hacer.

Escuchando a Ben, una buena tarde de lluvia, me doy cuenta de que la amabilidad es, a mi ya avanzada edad, una de las cosas que más placer me producen, y que cuando más me gusta ser amable es cuando coincido con personas que no lo son, es ahí cuando siento una gran satisfacción, un gozo absoluto, es en ese momento cuando te das cuenta de que no somos todos iguales, gracias a dios, y que a ti te gusta ser quien eres, y a ellos probablemente no les gusta nada de lo que les rodea, y por eso no lo son, porque la amabilidad es una forma de expresar gratitud por el simple echo de sentirnos bien.

Escuchando a Ben, una buena tarde de lluvia, me doy cuenta de que el sexo está sobrevalorado, y la culpa de ello la tienen aquellas personas que no quieren practicarlo continuamente, ellas son las que hacen de este acto, que debería ser mucho más usual y cotidiano, algo tan sumamente sobrevalorado. Todos deberíamos hacer el gran esfuerzo de colocarlo en su sitio, practicándolo mucho más y restándole importancia, ya sea solo, en pareja, o en grupos más numerosos.

Escuchando a Ben, una buena tarde de lluvia, me doy cuenta de lo generosamente egoísta que fui el día que decidí pasar mi vida solo, y cuanta gente lo agradecerá el resto de su vida sin ni siquiera saberlo.

Escuchando a Ben, una buena tarde de lluvia, me doy cuenta de que no debería escucharlo tanto.

O puede que sí…. pasen un par de minutos con el, me lo agradecerán.

 

Buenas noches Ben.

 

 

 

 

 

 


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