Author Archives: Carlos García Benítez

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“Había partes de la novena sinfonía de Beethoven que aun hacían llorar a Cole, el siempre lo había achacado a las circunstancias de la propia composición, se imaginaba a Beethoven sordo, con el alma enferma, y con el corazón roto, garabateando con furia mientras la muerte esperaba en la puerta afilándose las uñas. Sin embargo, pensaba Cole, podía ser la vida en el campo lo que le hacía llorar, le estaba matando con su silencio y su soledad, y convertía las cosas más ordinarias en algo de una belleza insoportable.”

Así termina uno de los capítulos de Mad Men, este es uno de los finales que más me gustan, pero todos son absolutamente perfectos, intrépidos y valientes, usando únicamente las emociones que todos hemos podido sentir en algún momento de nuestra vida cotidiana, aunque sean sólo unos pocos los elegidos para poder contarlas de esa manera, convirtiendo las cosas más ordinarias en algo de una belleza insoportable.

Ese es el único y el gran secreto, simplemente saber contarlo. Ellos han sabido hacerlo.

He tomado todo tipo de drogas y todas me han encantado, y todas volvería a tomarlas si se dan las circunstancias adecuadas, pero con esta viviría el resto de mis días.

Llevo unos días viviendo la vida de otros, de uno en concreto, de Don Draper, el protagonista de esta incalculable sucesión de capítulos y emociones llamada Mad Men, y tengo la absoluta certeza de estar ante algo que me desarma cada noche, y cada noche me justifica, repleto de mentiras, como cualquier gran verdad.

En ella vemos como todos los personajes luchan constantemente por llenar sus vidas, y como cuando lo consiguen vuelven a vaciarlas y a intentar volver a llenarlas en un bucle infinito que sólo acaba en una tremenda insatisfacción, en la que lo único verdaderamente importante es vivir cada momento de una forma tremendamente egoísta, y eso es una inmutable realidad, aunque nos cueste reconocerlo.

Y que el cielo no existiría si no existiese el infierno, que el amor dura lo que dura, y que una vida sin vida no es vida.

Unos 90 capítulos disfrutando de los infiernos de Don Draper, que son ya parte de mi vida, del cinismo del gran Roger Stirling, la seguridad insegura de Peggy Olson y Joan Holloway, la absoluta belleza de Megan Calvet, y de todos y cada uno de los personajes que van creciendo contigo a lo largo de los 90 capítulos.

Y siempre fumando, y siempre con un whisky, y siempre con sexo, y siempre trabajando, y siempre mezclándolo todo, como siempre me ha gustado vivir.

Detrás de todo la publicidad, ese baile perfecto entre dos mundos tan distintos, el del arte y el de los negocios, esa magia que hace que cuando funciona ese baile nos lo creamos todo, absolutamente todo. La proyección de una determinada imagen es el factor más importante en cualquiera de las áreas de desarrollo que podamos imaginar, y esta serie es una clase magistral sobre como se fabrican los deseos de todo lo que después nos apetece consumir.

Inviertan en su marca, todos somos una marca.

En fin, no pierdan ni un minuto más en nada con lo que crean que están perdiendo el tiempo, porque él, el tiempo, no tendrá la mas mínima consideración con ninguno de nosotros.

Buenas noches.

 

 

 


 

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1.- Amarás a dios sobre todas las cosas, cada uno al suyo, sin joder a los que no amen al mismo que tú, y sin permitir que nadie te diga cual es el tuyo, y menos usando la violencia. El mío ahora por ejemplo se llama Alessandra Ambrosio, aunque suelo cambiar a menudo, pero respeto a todos los demás.

2.- No pronunciarás el nombre de dios en vano, ni el de nadie, no se puede ir por ahí hablando de la gente todo el día, es una costumbre muy fea y muy de aquí, y menos de tus dioses. Cada uno a lo suyo y a sus dioses y veréis que bien va todo.

3.- Santificarás las fiestas, hasta el más mínimo de sus detalles, y todas ellas, siempre que se llamen “fiestas” serán santificadas, aunque no te gusten o ese día no puedas ir.

4.- Honrarás a tu padre y a tu madre, siempre, a no ser que des con alguna hijo/a de puta que pretenda destrozarte la vida porque que la suya no tiene ya ninguna solución, pero espero que estas sean puntuales excepciones, para todas las demás tiene que ser, y es cojonudo.

5.- No cometerás actos impuros, pero será cada uno quien decida que es puro o impuro, yo por ejemplo no considero impuro ningún acto voluntario en el que los participantes estén disfrutando, aunque seamos muchos.

6.- No matarás, claro que no, ni aunque lo diga un jurado, y contemplaremos aquí  también la opción de no dejar morir a miles de personas diariamente sin hacer nada para impedirlo, y sin que nos afecte lo más mínimo.

7.- No robarás, porque está feo, menos a los bancos, porque hay que hablar en su mismo idioma, sino nunca llegaréis a entenderos, ni a tener una comunicación fluida.

8.- No darás falsos testimonios, nunca, ni aun siendo político, aquí seremos tajantes. Sólo permitiremos algunas mentirijillas piadosas en temas de infidelidad, para que las cosas no se salgan de madre.

9.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros, los cometerás directamente, sin pensarlos, que como los pienses no los haces.

10.- No codiciarás los bienes ajenos, esto es más complicadillo puesto que cuesta un poco joder, pero lo haremos sin que nadie lo sepa y todo arreglado, no se enterará ni el codiciado/a ni nadie de nuestro entorno y punto.

10+1.- No permitirás jamas que nadie te mande nada, y  jamas harás nada porque nadie te lo mande, que te lo expliquen, y que lo hagan con sentido común y con sentido del humor, ambos mucho mas importantes en la vida para convencer, mucho más que mandar.

Buenas noches.


 

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Después de una magnifica mañana de pesca, que empezó a eso de las siete de la mañana y bebiendo buen tinto a morro acompañado de fuet, de un buen pan, y de tres formidables pescadores y amigos, y que terminó con unos 18 lustrosos bonitos como trofeo, empezamos a cocinar el mejor arroz que jamás he comido, y he comido muchos, un arroz a banda con bonitos cuyo recuerdo aun hoy me sigue haciendo llorar, y que he intentado repetir sin ningún éxito en varias ocasiones.

Fue en Cambrils, Tarragona, el sitio del que tantas batallitas de pesca había escuchado contar a mi buen amigo J Luis, cada año al regresar de allí, y a dónde me llevó Pablo a recordarlo cuando J Luís ya no estaba por aquí, aunque aquel día de pesca no lo eché de menos porque era como si estuviese allí, todo aquello lo había vivido muchas veces contado por él con lo que parecía que yo llevase toda la vida haciendolo.

El barco y la posterior cocina de Don Pedro Baringo, tipo de metro noventa compuesto de bondad, inteligencia, y sentido del humor a partes iguales, y persona entrañable para quien esto escribe, con el que cualquier simple charla es un enorme placer, y cualquier cosa que cocine una experiencia religiosa.

Del día de pesca sólo comentar que fue la primera vez y la última que he pescado, y que sólo  volveré a hacerlo con él y en su barco. Siempre le agradeceré lo que me enseñó aquel día y como disfruté haciendolo, porque hasta ese día lo de molestar a los peces me parecía un auténtico coñazo.

Lo primero que me dijo Pedro al llegar a su casa para cocinar fue que lo menos que podía hacer, debido a mi total inexperiencia y la continua ayuda que recibí para cualquier cosa que hice en el barco, era limpiar los 18 bonitos, el hijo de puta, eso de entrada. Yo jamás había limpiado un bonito, hoy no dejaría que nadie lo hiciese en mi presencia sin mi más absoluta supervisión y entrega.

Lo que vi luego fue una forma distinta de tratar el arroz, hasta convertirlo en un grano compacto y suelto, con una cocción perfecta y que se ponía al servicio del bonito para realzarlo, para hacerlo el componente más importante del plato, aunque era el arroz lo más importante y complicado, y eso lo sabe Don Pedro.

Terminamos de comernos aquel arroz entre lágrimas y plegarias, y nos enfrascamos en una buena sobremesa dónde él, profesor de universidad, se quejaba de la irrupción de las nuevas tecnologías en la educación y en sus alumnos, de como lo estaba cambiando todo, y de a donde nos llevaría aquello, y yo intentaba convencerlo de que siempre todo está en continuo cambio, y que este último sólo nos pillaba ya un poco mayores.

Con el tuve esa extraña sensación, que sólo tengo con los buenos cocineros, de que podríamos haber seguido hablando y bebiéndonos aquella sobremesa durante horas. Y es que los buenos cocineros casi siempre son unos buenos conversadores, porque una buena comida siempre acaba en una gran conversación.

Y en prueba de que no todo lo que cuento  siempre me lo invento, os transcribo whatsapp de fecha 27/8/15 en el que Don Pedro dice textualmente “Hoy nos hemos juntado unos amigos después de pescar y en casa hemos cocinado los bonitos y un arroz, y como no!! me he acordado de ti”, y siempre es un placer que se acuerden de ti en una buena mesa con un buen arroz.

El grado de importancia que un amigo tiene en tu vida se podría medir perfectamente por los amigos que te deja cuando él ya no está y que desde ese momento pasan a formar parte de tu vida. Nuestro amigo lo hizo con nosotros, y siempre le estaré agradecido.

“The Poet Acts” by Philips Glass

 

Buenas noches.

 

 


 

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“Lo acompañó a su casa. Por aquel entonces Misty no sabía distinguir muy bien entre el amor, el deseo, la confusión y la nostalgia, y en la mezcla de todo aquello creyó ver el amor verdadero. Así las cosas, aunque aquella unión entre ambos no fue para tanto, a ella la transformó, le permitió conocer algo para lo que , ahora lo sabía, ya era demasiado mayor: esa privación emocional tan característica de un amor imposible.”

Esto es de Laurei Colwin, de su libro “Tantos días felices”, libro de un día, cuando lo comienzas ya no puedes dejarlo, la mejor prosa norteamericana, divertido, inteligente y ameno, hacía mucho tiempo que no me topaba con algo así. Las aventuras y desventuras de Vincent y Guido en su búsqueda de la normalidad amorosa.

Olive Kitteridge es la última serie de HBO, que produce y protagoniza Frances McDormand, la gran Frances, esa fuente inagotable de placer para los que amamos el cine, posiblemente uno de esos rostros donde descubres que la inteligencia puede ser en alguna ocasión  mucho más sugerente y atractiva que la propia belleza.

Colwin relata en su libro como un par de íntimos amigos buscan una pareja “normal” y tradicional en la gran manzana, una pareja como la de sus abuelos, y como nada de lo que encuentran se parece a aquello que andan buscando, todo con un inteligente sentido del humor, mucha verdad y algo de cinismo. Ellos son un par de tipos bien, jóvenes y sin problemas aparentes, y eso es lo que buscan, así de simple, pero la vida los llevara a vivir otras formas de entender, sin entender absolutamente nada.

Olive, con solo cuatro capítulos, es algo incalculable, por todo lo que cuenta utilizando tan poco para hacerlo, sólo ella y algunos más como ella, como Richard Jenkins o Bill Murray, una absoluta borrachera de sensibilidad y sinceridad, tan escasas ambas en los tiempos que corren.

Colwin nos cuenta perfectamente como han cambiado las cosas en las relaciones de pareja, como ya no es el hombre el que toma las decisiones, y como eso nos puso del revés a los hombres de una cierta generación que seguíamos creyendo que esto sería siempre igual.

Olive Kitteridge nos cuenta la historia de un amor verdadero, sin maquillaje. Nos cuenta la historia de un buen hombre y de una buena mujer, aunque absolutamente distintos, pero absolutamente iguales, en los que la única diferencia entre ellos es la forma de mostrarse ante los demás, no la forma de sentir de cada uno de ellos.

Colwin me ha retratado  a mi mismo, a mi total y absoluta ineptitud para comprender ciertos comportamientos femeninos, que me han llevado  a una divertida y desastrosa vida de relaciones acabadas, algunas de ellas incluso antes de comenzar, y entendiendo cada vez menos a las mujeres, sin las que tampoco sabría vivir.

Olive es implacablemente sincera, y es esa sinceridad precisamente la que le hace no expresar sus sentimientos, o expresarlo todo desde una ironía bastante difícil de entender, transformándolo todo en su contra, menos a su pareja, que sabe que sólo es una forma de mostrarse antes los demás. Absolutamente conmovedor el personaje de Henry Kitteridge, protagonizado por Richard Jenkins.

Olive Kitteridge y  Laurie Colwin, han sido el colofón perfecto de un verano perfecto. Sin playas ni aviones, ni nada parecido, solo tranquilidad y buenas charlas en buena compañía, con veladas muy divertidas, rodeado siempre de buenas amigas (son con ellas con quien mejor me llevo ya), y en el que he vuelto a ser quien más me gusta ser, todos los demás yo son una aburrida y estúpida impostura.

Ya puede volver el frío, le haremos frente.

Y lo haremos con golpes de pecho, como Maria Jimenez, quien, según cuentan, tampoco pasó malos veranos.

 

Buenas noches.


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“De repente, los jóvenes de toda Europa empezaron a suicidarse. Curiosamente, muchos de aquellos jóvenes que aparecían muertos vestían frac azul, chaleco y pantalones amarillos, y botas de montar, como vestía el protagonista de “Los sufrimientos del joven Werters”, la novela con la que nació el Romanticismo de la mano de Goethe, el primer best-seller de la literatura alemana, allá por 1.774, y a partir de ese momento ya nada sería igual, había nacido el Romanticismo.”

Así comienza uno de los capítulos más interesantes del más que interesante libro de Ramon Gener “Si Beethoven pudiera escucharme”. En el nos habla de muchas cosas relacionadas con la música, con las emociones y con el arte, pero fue este capítulo en concreto el que más me sorprendió. Les cuento.

Es a partir de la aparición del romanticismo cuando cambia la relación del artista y su creación, a partir de ese momento, y según palabras del autor “desde que el romanticismo apareció a finales del S XVIII y principios del XIX hemos interiorizado y aceptado socialmente que la creatividad y el sufrimiento son conceptos que van unidos. Hemos aceptado que cualquier forma de expresión artística conduce inexorablemente a algún tipo de angustia”.

Yo voy más allá entendiendo que cualquier creación artística que no nazca con las anteriores connotaciones adolece desde el principio de cierto status, sin entender en absoluto porque debe ser así.

Pero todo lo leído y expuesto no me lleva a otro lugar que a buscar su paralelismo social, e intentar expresar mi opinión sobre lo que este movimiento supuso para las relaciones humanas, a las que creo que el romanticismo hizo mucho más daño que cualquier otra  expresión artística o social, intensificando la idea del sentimiento por encima de todo lo demás, hasta de la más pura lógica o la más mínima constatación de la realidad.

No es que el ideal romántico en el amor no existiese antes de su nacimiento como movimiento cultural, pero su aparición intensificó su expansión a la hora de enfocar socialmente las relaciones amorosas, argumentando que estas sólo debían basarse en un profundo sentimiento, sin atender a ningún otro factor, cosa poco usual hasta entonces, y que puedes o no compartir sin rasgarte las vestiduras. Creo que existen muchas mas cosas en una relación de pareja que la continua exaltación del sentimiento como motor de todo, entiendo que la mayoría de casos en que las que estas se basan casi exclusivamente en un sentimiento sin que se den otras coincidencias, que entiendo vitales y mucho más importantes, convierten el camino en algo impracticable y tremendamente inhóspito.

Todo lo que tocó el romanticismo lo convirtió en un sentimiento mucho más enrevesado y pomposo de lo que es en realidad. El concepto romano o griego del amor o del sexo son muchos más avanzados que el que se tenga hoy por hoy en el país más avanzado del mundo, y el romanticismo vino a decirnos que el amor llevaba implícita una carga de responsabilidad hacia uno mismo que nunca he llegado a entender.

El romanticismo aportó una conciencia absolutamente inconsciente al amor, y cuando dotas de conciencia cualquier cosa mermas su libertad, y le extirpas cualquier naturalidad y cualquier belleza que pueda poseer.

Ferviente defensor del amor y absoluto detractor de disfrazarlo con romanticismos, creo en la naturalidad por encimo de cualquier impostura y entiendo el romanticismo como una de ellas.

De su propia definición extraemos como una de sus bases es el idealismo, pero no la búsqueda de nuevos y mejores ideales, sino tornar sus significado hacia algo inalcanzable, con lo que su posterior desengaño por no conseguirlo esta garantizado, con todo lo que este acarrea.

Creo que el anterior punto está bien reflejado en la sociedad actual si ponemos el punto de mira en las relaciones de pareja, y vemos como siempre nos creemos que viviremos algo que nunca vivimos, siempre cargados de expectativas y sin poder agarrarnos a ninguna realidad, porque no nos gusta la realidad que nos rodea, y vivimos creyendo que algún día cambiará, y no sólo no cambia, sino que empeora.

Pero somos unos románticos.

Quizás sea este el pataleo de un señor que ya no se cree casi nada de lo que parece, quizás, pero la verdad es que nunca creí en el romanticismo como motor o valuarte de nada, siempre busqué la consistencia que lo amparaba, y si esta existía, el romanticismo no tenía cabida, es más, incluso podría llegar a molestarme.

A todos sus seguidores os deseo lo mejor, a los que no lo somos, deciros que quizás deberíamos haberlo sido, puede que las cosas nos hubieran ido mejor si en algún momento hubiésemos enmascarado la verdad con un toque de romanticismo.

Espero que nadie se tome en serio mis palabras, eso me preocuparía aun más que convertirme en un romántico a mi edad.

La que encabeza y ameniza hoy este lo que sea es Lisa Ekdahl, un sueca con una voz incalculable, casi extraterrestre.

Buenas y románticas noches.

 

 

 


 

 

 

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“Amo esta ciudad cuando está vacía, cuando no están ellos, los demás, cuando ellos se van es cuando yo regreso, y cuando ellos regresan me vuelvo a marchar, despavorido, como alma que lleva el diablo, como si ellos fuesen el mismísimo diablo, y esta ciudad sólo descansa de sí misma cuando la dejan respirar, es el único momento del año en que la entiendo, aun asfixiado por un tremendo e insufrible calor que, para los que la amamos así, vacía y quieta, nos resulta casi placentero.”

Curiosa costumbre esta que hace que vayamos todos a los mismos sitios, a los mismos lugares, en las mismas fechas y a las mismas horas. Debe de ser cómodo, pero yo sigo sin entenderlo. Decía Tagore que “el hombre se adentra en la multitud para ahogar su propio silencio”, y algo de esto debe haber, de otra forma es absolutamente incomprensible.

Yo y un puñado más de locos, no muchos, vamos a intentar pasar estos meses veraniegos en una ciudad sin ciudadanos, una ciudad sólo para nosotros, donde el tiempo transcurre de otra manera, donde la prisa y los atascos se marchan con los que se van, y aquí sólo queda ese pasar el rato entre la siesta y el cine de verano, y ese descanso, permanente y merecido, que tenemos los que nos quedamos, o los que volvemos sólo en estas fechas.

A un buen verano sólo le pido ya no encontrarme ningún “rincón chillout” con “música chillout” y esas camas balinesas en las que nunca fui capaz de tomarme una copa sin que se me derramase el contenido de la misma, y en las que siempre me imagino a una joven Enmanuel, allá por los 80, con el pelo corto, y esa inocente inocencia que la llevaba a acostarse con cualquiera que tuviese un mínimo papel en la película, en innumerables camas balinesas.

Amaba a Enmanuel, todo lo aprendí con ella, con su tremenda inocencia, y con un video de la época sistema 2.000 de doble cara, al que siempre estaré agradecido, dios lo tenga en su gloria.

Caipiriñas o mojitos, ya sean de lima , limón, sandia, melón, mango, o cualquier cosa que puedas imaginar, las tengo prohibidos por mi psicólogo, al igual que la bachata, merengue, reguetón,  y cualquier mínima insinuación de Juan Luís Guerra, en esto último mi medico es tajante.

El verano local ayuda de igual forma en mi economía doméstica,  al no tener que pasar por camisetas a Decatlhon o Kiabi, o por no tener que comprarme el obligado neopreno, prenda indispensable hoy en día en cualquier costa que se precie,  y que en alguna reciente ocasión me han llevado a imaginar que me encontraba en alguna costa noruega o finlandesa, porque tampoco llego a entender la susodicha prenda a 40 grados, pero bueno, son jóvenes, y la prenda en un 20 0 25 % de los casos queda genial.

Pero no seré yo quien les amargue el verano, y dios me libre de convencerlos de que vuelvan, esa sería mi perdición. Y yo también fui joven, y creanme que en algunas ocasiones disfrute tremendamente de todo lo anterior (nunca de las tiendas Kiabi), pero agradezco enormemente que la vida me haga disfrutar de las cosas a mi edad de una forma diferente, entre ellas las prisas para con cualquier tipo de sexo, o el mes de agosto.

Disfruten, gasten, y hagan el amor, septiembre esta a la vuelta de la esquina.

Os dejo con algo de la gran True Detective, cuya segunda temporada promete hacerme tremendamente feliz de nuevo.

 

Buenas noches.

 


 

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Decía Gandhi “Que lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena”. Supongo que mi amigo Felipe Gayoso conocerá esta frase, si no es así, la cita podía ser suya perfectamente, ya que nunca supo guardar silencio antes las cosas malas de la gente mala.

Ni ante eso, ni ante nada, él no suele guardar silencio, pero sus amigos disfrutamos enormemente de esa incontinencia verbal.

Buen amigo de sus amigos, al menos conmigo siempre lo demostró, hoy me siento en deuda con él por su continuo esfuerzo en ayudar a los demás, y de vez en cuando hay que mojarse, como siempre hace él.

Que la realidad supera a la ficción no es una frase que me sorprenda ya, es más, con el tiempo he llegado a la conclusión que la ficción nace de lo lejos que podamos llegar a imaginar la realidad, y la historia nos ha demostrado en más de una ocasión que la realidad ha superado cualquier forma de imaginarla.

El caso que hoy nos ocupa supera con creces cualquier ficción.

Hace meses que mi buen amigo Felipe lleva malviviendo a causa de las supuestas vejaciones que han sufrido un nutrido grupo de mujeres por parte de un “respetable” psiquiatra sevillano que supuestamente abusaba sexualmente de ellas, destrozando sus vidas, o lo que quedaba de ellas cuando acudían a su consulta solicitando ayuda. Cualquier calificativo que se pueda utilizar para definir a este sujeto no merece plasmarse aquí, este sujeto no merece ni eso. No merece nada.

Aclaro que utilizo el termino “supuesto” por dos motivos. Para el primero me apoyo en el escritor ingles W Somerset Maugha, quien en una ocasión declaró muy lúcidamente que “En su lucha contra el individuo la sociedad tiene tres armas, ley, opinión publica, y conciencia” y aun nos queda una por cumplimentar, la ley, espero se cumpla. El segundo motivo es simple, no somos como él, e intentamos respetar ciertos pilares básicos de la sociedad, aunque él haya pisoteado algunos de los mas importantes.

Hoy parece que los esfuerzos de Felipe y Nines, y el de algunas personas más, empiezan a tener resultado, y que las cosas empiezan a esclarecerse, que las víctimas empiezan a perder el miedo a contar lo que pasaron, y que mucha gente, que me cuentan conocía estas prácticas en la citada consulta desde hace mucho tiempo, también quieren que las cosas se aclaren. Eso en una ciudad como Sevilla creanme que es un logro ya en sí mismo.

He visto a personas hablar mal de una operación de rodilla o de como lo atendieron en una urgencia, pero jamás vi a alguien hablar mal de su psiquiatra (puede ser que los haya, pero yo no los he conocido), normalmente son personas que te ayudan en momentos de tu vida en que cualquier ayuda se agradece mucho. Que más de treinta pacientes, que no se conocían entre ellos, se hayan adherido  a día de hoy a una plataforma de denuncia, que 6 de ellas hayan presentado la denuncia ante el colegio de médicos, y que al menos 16 más lo pretendan hacer esta misma semana, según fuentes fidedignas, es, como mínimo, para hacerse algunas preguntas y tomar algunas medidas, como bien ha hecho el colegio de médicos.

Que los católicos juzguen la actuación de la iglesia ante dichos acontecimientos, permitiendo que esta persona siga ostentando un cargo como el de hermano mayor de una importante cofradía. Yo, sin ser católico, y tratando el tema como si se tratase de cualquier otro tipo de asociación, religiosa o no, me parece cuanto menos alarmante que le permitan seguir desempeñando sus funciones ante semejante situación.

No soy amigo de las cazas de brujas o los juicios mediáticos, pero de la poca información que tengo, o de haber escuchado o leído algunas de las declaraciones de estas mujeres, no tengo ninguna otra salida más que intentar plasmar mi opinión desde este mi rincón, y sumar mi voz a la de todas esas personas que están pidiendo ser ayudadas por sufrir daños irreparables en sus vidas.

Y desde luego aun soy menos amigo de que una persona quede impune de ciertos actos por ostentar una posición social determinada, ser hermano mayor de tal o cual hermandad, o tener amigos poderosos, eso es igual de intolerable que cualquier caza de brujas.

Que sin ser víctimas directas de cualquiera de estas atrocidades, y después de muchos años, existan personas que sean capaces de coger el testigo y darle voz a las víctimas de cualquier impunidad que no haya sido castigada, sólo me hace recordar que, aun con muchas cosas malas, este también fue el país de Don Quijote, quien nuca tuvo miedo de enfrentarse a nada ni a nadie por hacer justicia, por muy grande que fuesen los molinos.

Suerte para esas víctimas y para cualquier otra que siga esperando justicia después de tantos años sumidas en cualquier tipo de miedo, tan devastadores todos.

Os dejo con Cohen, el eterno luchador.

Buenas noches.

 

 

 

 

 


 

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Dijo el Gran Gabo que ” la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrevivir al pasado”, lo que no dijo Don Gabriel es lo tremendamente cansado que puede resultar hacerlo en tan repetidas ocasiones.

Pero también hay otras historias, mejores historias.

Sólo “la mejor”, no la mejor de la ciudad, o la mejor del mundo, calificarla simplemente como “la mejor” es estar plenamente convencido de que lo que sea que así se califique debe serlo, y ellos la llaman así. Para mí también lo es.

En la Bodega San José, en la Calle Adriano de Sevilla, dicen tener “la mejor” tortilla de patatas jamás elaborada, sólo hacen una al día, si llegas después de las 13:30 o 13:45, es muy complicado que quede alguna porción de semejante y maravillosa mezcla de huevos y patatas. No es marketing ni estrategia comercial, es que sólo se hace una y cuando se acaba se acabó.

Pero este lugar tiene algo aun mejor.

Lo mejor de este lugar es el placer que experimentas cuando observas como la joven pareja de 85 años que regenta este sitio desde hace más de 60 termina la jornada y se marchan a casa, todos los días,  siempre caminando, y siempre cogidos de la mano. Créanme que es una imagen que supera con creces cualquier idealización que nos hagamos sobre el amor. Todo lo demás es mentira, todo menos esa imagen.

Ellos son sin duda lo mejor de este lugar.

Nicolás vino de Santander con 12 años para trabajar en la bodega que regentaba su padre, y que era propiedad de un tío suyo, y desde aquel día de 1942, sigue al pie del cañón todos los días hasta el día de hoy. Si conocen a gente joven que se queje de que no tienen oportunidades y de lo difícil que esta todo, invítenlos a tomar una cerveza con Nicolás y que él le cuente lo que son las oportunidades y las facilidades.

Conoció a Rosario en una de sus visitas a Santander, se enamoraron y tras cuatro años de espera -sin poder verse- consiguieron casarse un 12 de diciembre de 1956. Hoy, sesenta años después, dudo que cualquiera de ellos pueda concebir un mundo en el que no estuviese el otro, ese sería otro mundo distinto, no este.

El siempre dispuesto a contar cualquier historia, tiene miles que contar. Ella siempre pendiente del trabajo, siempre moviéndose, creo que nunca la he visto parada. Pero haga lo que hagan cualquiera de los dos, aun estando tremendamente distraídos u ocupados, en algún momento, a cada instante, siempre se buscan con la mirada, y siempre se encuentran.

Yo los conozco desde hace algunos años, éramos vecinos de negocio, pared con pared, y siempre recuerdo cuando a la hora a la que se marchaban cogidos de la mano, cualquiera que presenciaba aquella imagen ponía cara de no entender lo que estaba pasando en su vida, y de preguntarse porque ellos nunca vivirían algo así. Una cara de cierta tristeza, donde se reflejaban admiración y celos a partes iguales, o no, seguramente más celos que admiración, en este país la envidia siempre es lo primero.

Con 43 años Nicolás empezó a correr maratones, es su otra gran pasión, y corrió varios, Londres entre otros, del que siempre cuenta como fue la mismísima Lady Di la que dio la salida aquel año. Siguió corriendo hasta hace muy poco tiempo, por motivos que no hace falta explicar, pero sigue caminando todo lo que puede, siempre con sus deportivas, y siempre acompañado de Rosario.

De todas las historias que me contó me quedo con una que lo resume todo. Cuando la cuenta siempre lo ilumina una tremenda y envidiable sonrisa. Cuenta como justo cuando iban a casarse, después de llevar cuatro años sin verse, a él le diagnosticaron una rara enfermedad pulmonar que lo postró varios meses en la cama de un hospital. Cuenta que fueron 105 días en cama, y que durante ese periodo recibió de ella 105 cartas de amor.

Yo, como dijo Sartre, “como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”.

Zaz y Aznavour,

Buenas noches.

 


Serie tv:'1992' su Sky Atlantic

“Cuando uno renuncia a sus sueños tiene que masturbarse con la realidad”, con esta frase el gran Ennio Flaiano intentó constatar una realidad, su realidad, y en algún momento la de todos.

“Un 30 de agosto de 1970, el Marqués Camillo Casati Stampa di Soncino volvió a su casa de Roma sin avisar y encontró a su mujer, la bella peluquera Anna Fallarino, en brazos de su amante, un joven dirigente de las juventudes fascistas llamado Massimo Minorenti, al que el propio Marqués había pagado en el pasado para que mantuviese relaciones con su esposa. El Marqués, absolutamente enloquecido los asesino a los dos con una escopeta de caza y acto seguido descargó un último cartucho sobre sí mismo, quitándose la vida. Así acabó con dos bellas historias de amor, la suya con su mujer, a la que amaba tremendamente, y la de Anna con su joven amante, del que también ella se había enamorado.”

La primera de esas historias con las que acabó Camillo Casati Stampa aquella tarde comenzó mucho antes.

“Él era era uno de los nobles más ricos e influyentes de Italia, casado. Ella una bella plebeya, también casada. Se conocieron en Cannes, en una de esas fiestas sin las que Cannes jamas hubiese sido lo que ha terminado siendo. Él quedó absolutamente fascinado por su belleza, y también por ella, y no paró hasta conseguirla. Mediante una gran suma de dinero, la iglesia, que con dinero es capaz de dispensarlo todo, anuló sus respectivos matrimonios y les permitió casarse, cumpliendo así su sueño.”

“Cuentan que ya en la noche de bodas el Marqués introdujo en la habitación a una tercera persona para compartir a su esposa, porque lo que más le gustaba era ver como otros le hacían el amor a ella. A partir de ese momento todo fue “in crescendo”, que dirían ellos, y el Marqués pagaba a cualquier joven con el que se cruzaban, y a ella le agradase mínimamente, para mantener relaciones con ella mientras el los grababa y fotografiaba, con lo que él se sentía plenamente satisfecho, y tremendamente feliz al ver que ella también disfrutaba.”

“Pero se equivocó con el joven Massimo Minorenti, quien se acabó enamorando de la bella condesa. Ella, seguramente hastiada de semejante derroche de exposición, también termino enamorándose del joven fascista. Él, el atormentado Marqués, que vivía absolutamente  enamorado de su esposa, no pudo sin más que acabar con todo, y con él mismo, cuando se dio cuenta de que aquello se le había ido de las manos, y supo que no podría controlarlo.”

“La única heredera de la inmensa fortuna de los marqueses era una hija, fruto del primer matrimonio de él, llamada Annamaria. Entre otras muchas propiedades se encontraba la mansión familiar, Villa San Martino, en Arcore, cerca de Milan, que contaba con más de un millón de metros cuadrados, y de un incalculable valor.”

“Un tutor legal se hizo cargo de  la herencia hasta que la niña cumpliese la mayoría de edad, el Senador Bergamasco, quien a su vez contaba con la ayuda de un joven abogado que lo ayudó con todos los trámites. Este joven abogado consiguió que Annamaria le vendiese Villa San Martino por un precio irrisorio, aludiendo a las dificultades del mercado, y a diversas consideraciones de las que la joven no tenía ni idea.”

“No sólo el precio de la venta fue una gran estafa, sino que ni siquiera le pagó con dinero, sino con acciones de una empresa, Edilnord, propiedad del joven abogado, que también resultaron ser otro gran pufo, ya que su valor era bastante inferior al precio pactado.”

“Hoy Villa San Martino sigue siendo la residencia familiar de Silvio Berlusconi, que era el joven abogado encargado de salvaguardar los bienes de Annamaria, a quien despojó de todo lo que pudo a precio de saldo, y quien después de aquello marchó a Brasil y jamás quiso pronunciarse sobre semejante estafa.”

“Cuentan que así comenzó a acumular su tremenda fortuna El Cavalieri.”

Esta historia es Italia para mí, lo resume todo, y nunca entenderíamos ese país sin sus historias.

La primera vez que supe de esta historia fue de la mano del maestro Enric Gonzalez, en su libro “Historias de Roma”, fascinante libro, al igual que Sus Historia de Londres o de New York. Algo he leído, y les garantizo que esta historia de los marqueses, contada como él la escribe, es de los relatos con los que más he disfrutado en toda mi vida.

Todo lo anterior me lo refrescó 1992, una más que recomendable serie italiana que me recomendaron hace un par de días. Cuenta los entresijos de la política y la corrupción italianas con un realismo casi real, y con una espectacular Miriam Leone, portada indiscutible de hoy, y con quien espero tener el gusto de compartir parte de mi vida, aunque sólo sean un par de días, o incluso un par de horas.

Italia hay que saber contarla, y aun así no es fácil comprenderla.

La Cavalleria Rusticana es mi opera favorita, quien me conoce lo sabe, de todas, no es la mejor ni mucho menos, pero si lo es para mi. Es Italia también. Esta grabación es de Pavarotti, del 78, un placer.

 

 

 


 

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Vivía en una gran ciudad, se llamaba Laura, era una una tremenda Dama, y seguirá siéndolo, eso no se suele perder. Era prostituta y tenía una bella cicatriz justo al lado derecho del ombligo, bello también, igual que la cicatriz, igual que todo ella.

“En esta vida siempre hay cicatrices, algunas se ven y otras no, las que no se ven suelen ser mucho más dolorosas que las que se ven, a las segundas las cura el aire, las otras, las que no se ven, siempre están ahí y nunca cicatrizan”, me contó alguna vez, y a mí me encantaban sus historias.

Cuando la conocí no sabía a que dedicaba su tiempo, en el ámbito en que nos conocimos nada me lo hizo sospechar, tampoco me hubiese afectado para nada saberlo, le daba la vuelta a todo para sacar adelante a un hijo que tuvo con algún capullo que con 18 o 19 años le prometió amor eterno, y termino dejándola sin nada a lo que agarrarse y sin poder volver a su casa hasta mucho tiempo después. Pero lo consiguió, hubiese conseguido todo lo que se hubiese propuesto.

Yo me enamoré perdidamente de ella y de todo lo que ella representaba. Ella era la lucha constante ante todo, no paraba nunca, decía que para ella todo era mas difícil, simplemente ser o estar representaban una continua lucha, “Nadie nos quiere cerca, pero todos y todas quisieron ser alguna vez Pretty Woman, así es la doble moral, una doble mentira”.

La conocí hace algunos ya, pero aun la sigo recordando, tremenda tipa, valiente, nada le daba miedo, sólo que terminasen los días en los que ella se sentía bien, porque el día siguiente podía ser siempre peor. Decía que era una “optimista momentánea”, o sea que era optimista sólo cuando estaba bien; yo le decía que eso no era ser optimista, y ella me contestaba que eso era ser optimista para ella y punto. Curiosa definición del optimismo con la que nunca te equivocas.

Con una vida de idas y venidas,  conociendo constantemente tipos malos y algunos buenos, que según ella eran más buenos que cualquier otro bueno en encualquier otro sitio, porque serlo en ese entorno requería serlo de verdad, era muy fácil no serlo, aparentaba una vida y vivía otra para poder tener otra distinta en el futuro.

Compartimos alguna que otra cena, muchas risas, y algún que otro momento tremendamente sincero que nos hizo dudarlo todo en algún momento, todos los planteamientos morales y políticamente correctos, y cualquiera de las estrategias socialmente establecidas, ella tenía ciertas informaciones de primera mano que lo desmontaba casi todo.

Yo era joven y un inconsciente, lo sigo siendo, lo segundo, ella bella e inteligente.

Pero me mantuvo al margen del abismo, me aviso de dónde estaban las minas para que no las pisase y saliese de allí sano y salvo, aunque a mi me hubiese encantado que alguna de aquellas minas estallara bajos mis pies, porque en cierta medida siempre me atrajo ese lado oscuro de las personas que hacen lo que sea por sobrevivir. Hoy se lo agradezco.

No sé que habrá sido de ella, ni siquiera sé que ha sido de mí, pero siempre he tenido presente la frase que repetía constantemente, “No te creas nada porque nada es como parece, es más, suele ser todo lo contrario de lo que parece, y donde hoy estás mañana no estarás, y si sigues estando sabiéndolo, te estarás engañando”.

Aprendí mucho de ella, no dejó que me enamorase, no quería que nada durase más de lo que deben de durar las cosas, que es el tiempo en el que podemos disfrutarlas libremente.

Tengo su bella cicatriz grabada en mi memoria, y espero que sea la única que le quede, que todas las demás hayan desaparecido, y que la hayan ayudado, porque nada ayuda más en esta corta vida que lo que se aprende de lo que esconde una buena cicatriz.

Sólo hay una verdad y una moral, la que nosotros elijamos entre miles de opciones.

Buenas noches a todas las bellas damas del mundo, luchadoras y valientes.